domingo, 4 de septiembre de 2011

¡tanto tiempo!

Te miro y te dibujo en mi cabeza, tu cuerpo claro,de arriva a abajo y con mi mano comienzo a darle vida a ese tren que me lleva (deteniendose en varias estaciones) hasta tu boca.
Empiezo pensando de donde iniciar este recorrido.Inmediatamente miro tus extremos, y me mirás y nos cruzamos. Miro tu sonrisa (¡impalpable!) sutil, tenue. Aunque vos no tengas prisa de si emprendo el tren de inmediato o preferiblemente optas por mirarme.Comienzo incorporandome a la cabidad de tus pies, que son tibios y asperos y regalan huellas al fin del mundo. Y te produzco cosquillas. Reís. y continúo. Veo esa risa como desencadenante de mis latidos.Y de esas cosquillas aparecen tus talones entre mis manos, donde con mis dedos los rodeo tan repentinamente formando, rápido y lento, fuerte y despacio pistas de un color rojo donde circularmente da vueltas este tren, que con ansias pienso en que rápido arribe tu boca, pero no quiero, quiero tu pecho, tu respiración, pero tambien quiero tu boca. Y continuo con los talones. Y me canso, y subo. Y el tren marcha, acaricio suavemente cada pelo de tu pierna.Y me mirás y acaricio y jugamos a mirarnos, mirar sus piernas y, luego los ojos e inocentemente sus partes prohibidas, y miro y me mira, y ríe y sueña, e imagina. Muestra sus dientes, en son de risa.Asciendo por sus piernas acariciando suave y fuerte.Luego muy fuerte, como amasando sus pienas entre mis piernas. Cierra los ojos. Yo pienso lo fascinante que es. Recorro apretando, pero despacio y muy suave para que desentone con su ascelerada respiración hasta trepar a su vientre, donde me regala pensamientos improcesables, y el vello continua y no hay nada en el mundo que me robe el pensamiento.Solo el momento y mis manos que dirigen mis latidos. Y supongo, los de el. Y me mira y acaricio, apenas rosando mi tacto, su abdomen. (Lo cual por cierto me resulta maravilloso). Casi asustandolo y dandole paros cardíacos si de repente mi mano aparece muy cerca de ese lugar. Fascinado me mira. Pienso en el. Mi alma se invade a si misma, el momento. Y mientras acaricio puedo sentir sus latidos, que van en aumento cada vez que me acerco más a la parte superior, y apollo mi pecho en su panza, dado que mi oido queda paralelo a sus latidos, mi mano nunca deja de moverse. Y toco su cadera, por abajo, por el costado, por arriba, infinitamente. Se levanta el flequillo y detenidamente lleva su mano a mi cabeza y acaricia su tapa. Y me levanto, cansada, con ganas de abrazarlo y terminar el eterno recorrido. Canta, la música que hay puesta, que se escucha al fondo, creo que canta porque le hace acordar a mi, lo miro, mientras canta.Siempre con mis manos moviendose. Le sigo la canción en un tono amable. Miro para abajo, lo vuelvo a mirar como si con mi mirada me metiera en sus ojos, y pícaramente le sonrío, con verguenza. Sin dejar que mis manos reposen recorro rápidamente, con mis ojos en los suyos, todo el trayecto ya realizado y fuerte y rápido.Tal vez de una manera cándida manupulo todo su cuerpo. Sin dejar parte del pecho hacia el inferior que no haya experimentado el calor de mis manos, de mis dedos, y le encanta. Pensando, que, tener 6 brazos para tocar todo el cuerpo al mismo tiempo sería el hecho más extraordinario que pasaría ahora. Comienzo a hacerlo con manos y codos y no dejo de mirarlo. Un gran impulso hace que comienze a trasladarme increíblemente, rápido y fuerte y cierra los ojos y sigo, por un rato. Y repentinamente me detengo, inesperado y mis manos que estaban en sus piernas, lentamente (aún sin quitarle la mirada) emprendo viaje hacia su cara y lo miro y acaricio su boca, lento, su cuello. El gira la cabeza liberalmente. Toco su nariz, los orificios, sus mejillas, paso por pestañas (que son interminablemente hermosas), sus párpados y cejas. Todo eso finaliza en el beso, ese beso, esperado, y nos besamos con las manos, con las piernas y con la boca. Y lo único que pienso en ese inagotable momento es en hundirme en el abismo de su cuerpo y de su amor.